jueves, 20 de marzo de 2014

POETAS INVITADOS XV: POETAS DE LA ANTOLOGÍA LA LUNA EN VERSO



El último tren 

                                                                                 A Gonzalo Rojas

Conversamos
despacio
aquella tarde
en Chillán
todo
lo hablado
lo pusimos
en el aire
había que descuerar
todo
el relámpago
a la intemperie
y ambos
sabíamos
que éramos
dos hombres
esperando
en distintos andenes
el último tren
en la inmensidad
de la noche.

Agustín Benelli
Concepción, Chile



Cada uno tiene su público

En algunos rincones de la noche
busco la brújula escondida,
pero me pierdo en las intersecciones
y recorro las calles al revés,
lo que quisiera oír es lo que digo
y obtengo la respuesta que yo nunca daría.

La ciudad se disfraza de verano,
empiezan a llenarse las terrazas
con el humo de las conversaciones,
hay un rumor de exámenes finales
en todas las ventanas, de trabajos y besos
pendientes de entregar, sobre la mesa.

Por teléfono alguien me recuerda:
Aprende por tu bien el arte de marcharte
siempre un segundo antes de que te hayan echado.

Javier Bozalongo
Tarragona



Insomnio

El insomnio es tu mejor excusa para meterte en mis sueños,
el insomnio es el peor pretexto para mirarte desde lejos
mientras duermes.

El insomnio es,
lejos,
mi enemigo íntimo.

Camila Castaños
Chile



La lámpara

                                                                  De noche al apagarla, en mi silencio
                                                                  puedo oírla rezar.
                                                                                                 Eugenio Montejo

Si apagas la luz de esta lámpara
se cierran las ventanas de la noche
los ojos de las letras-
y un sueño se apodera de las sombras.

Y como esta luz
se van los nombres
y las fechas, y queda un vacío
que el deseo no llena.

Es entonces cuando Eugenio Montejo
puede oírla rezar
como a un cuerpo vencido
que susurra palabras,
una plegaria que no conoce lengua ni credos,
sólo promesas.

Las cosas si se quedan solas
se lamentan
como si fueran seres con memoria.

¿No las oyes? También ellas piden afecto,
el calor de los cuerpos,
ese ruido que hacen las letras.

Ramón Crespo (De Palabras que acepta el fuego)
Madrid


Maldición literaria

Yo te maldigo. Ojalá que las cuencas de tus ojos se llenen de tierra y los huesos de tus caderas se dispersen después de los gusanos. Que bebas el vino agrio y sin tasca popular. Que tus hijos renieguen de ti. Que la carcoma no se apiade de tus libros. Que, mientras duermas, no sueñes. Que te sepa el arroz a salado. Que te llegue la vejez anticipada con miedo a la muerte y regusto de hernias. Que la fingida suavidad de tus palabras se aproxime al insano carraspeo de tus versos. Y que tus libros, que todo el mundo compró porque estaban de moda, aparezcan como una lectura obligatoria en todos los programas de enseñanza secundaria. Amén.

Manuel García (De Poemas para perros)
Huéscar, Granada



Aforismo

Cuántos ojos han mirado a la luna.
De nosotros está la luna llena.

Pablo Guerrero (De Viviendo siglos)
Esparragosa de Lares, Badajoz




Suicidio recurrente de la luz

                                              ¿Preguntamos a nuestra sombra que hace de noche?
                                                                 Edmond Jabés, El libro de las preguntas.

Aún colecciono los ecos
de mis casos por tus calles
y deshojo las palabras,
húmedas, frías, desiertas,
como pétalos del alma
en el amor de la noche.
La paleta de colores
se ha fugado con mi sombra.
La luz, al fin, se deshizo
y pende, oscura, del techo
sobre la silla caída
de anea marrón y rota.

No sé si la echo de menos.
No dejó ninguna nota.

Javier Irigaray 
Huéscar, Granada




Anoche

La última noche fue divertida,
de esas en las que la oscuridad despreocupada
lo mismo te lleva a llorar que a reír.

La última noche fue de  dolor,
de esas en las que lo mismo mueres que matas,
mi indiferencia te resultó insufrible.

La última noche fue horrible,
ese sueño negro, impenetrable,
que se parece demasiado a mi,
te despertó sobresaltada.

Suerte que anoche, a mi,
no me pasó absolutamente nada,
bueno...

Francisco de Paula Martinez Vela
Granada



Mientras tanto

Traspasa la noche los arrabales de la soledad y gime, en un sollozo angustiado, el viento en mi ventana. Mientras tanto, en Roma, el vicario de Cristo blasfema torpemente con palabras que violan la inocencia sagrada de los niños, con palabras que trepanan el himen intonso de una virgen negra. Traspasa la soledad los arrabales de la noche y ulula iracundo- con aullido de lobo atormentado- el aire en los cristales de mi casa. Mientras tanto, en Washington, el emperador del mundo renuncia a la esperanza que un día sembrara en el corazón de quienes nunca tuvieron corazón, con una sonrisa de mentira decolorada. Un vendaval traspasa noche y soledad y limpia sus arrabales de cualquier atisbo de compasión. Asombrado lo contemplo tras el cristal de la ventana. Mientras tanto, ellos, los verdaderos señores a quienes sirven pontífices y soberanos, calculan sus ganancias en sumas inimaginables para las inteligencias profanas, sentados sobre los cadáveres que cimientan sus cuentas corrientes y las especulaciones en fondos de alto riesgo, un riesgo que lacera a quienes nunca invertimos más que en la bolsa de la compra. Viento y soledad dejan a la intemperie los suburbios nocturnos. Mientras tanto, un hombre se lanza al vacío en Valencia. Mientras tanto, una mujer se suicida en Barakaldo. Mientras tanto, un hombre se corta el cuello ante una oficina de Cajasur, en Córdoba. Mientras tanto, alguien espiga en la basura para poder cenar esta noche. Mientras tanto, llanto y desconsuelo. Mientras tanto. De todo esto, el viento que ruge nada sabe. Ni la soledad, ni la noche que deambula extramuros del sueño. Ignoran que, mientras tanto, los verdugos con corbata de Pietro Baldini, se mean en el rostro mudo de los desahuciados, sobre los ojos incrédulos de la clase media, en la boca espesa de los obreros y de los que, cada mes, hacen cola en las oficinas de empleo. Con los orines de la indiferencia. Ellos mean. Mientras tanto, Jacques Brel y yo, en esta hora nocturna de soledad huracanada, lloramos sobre el corazón de todas las mujeres infieles de la tierra.

Ramón Mateos
Salamanca.


La piel de la noche

Como caen los pétalos
después de la lluvia minuciosa
y se despojan los rincones del alma
a la cero en punto de mi vida
desprender la madera de la nuez
el papel de caramelos de la infancia
desnudar de tierra las raíces de la palabra alas
de un solo tirón
así
pero muy seda
bajar el cierre metálico de la piel
antes del óxido
antes de la sal
y clausurar tanta noche

soltar una a una las mariposas blancas.

Estela Porta 
Argentina




Madrugada

Y recorrer al niño
que quiso parecerse
al hombre que no ha sido.

Y cada noche verle
llorar en los rincones,
y cada noche oírle
decir que lo sabía.

Fernando Valverde ( De Razones para huir de una ciudad con frío)
Granada




Ahora

Ahora que vuelvo a ser de aire
saldré por la claraboya
dejando atrás la vieja casa.

Ahora que se acabaron los caminos
y las piedras
ya no son necesarios los zapatos.

Extrañaré a los poetas;
quién me dirá lo que calla la luna,
reconocerá el perfume de la rosa
entre las rosas,
quién abrirá la jaula
y me dirá donde buscar a Dios.


Ahora que la noche se desborda
y me arrastra
tendré que acostumbrarme
al inalterable curso del tiempo,
tendré que habituarme a ir sin sombra.

Sergio Antonio Chiappe Riaño
Bogotá

miércoles, 5 de marzo de 2014

LA INVITADA: SUSANA RIVIERE. POETA


Susana Riviere, Ciudad de Córdoba , Argentina.

Susana es una mujer que ha acumulado a lo largo de su vida experiencias, razones y emociones que convierte en poesía.

Sus poemas y textos figuran en varias organizaciones de poetas y amigos de la poesía en las redes sociales.


http://www.calameo.com/read/003060417023bd9bbf3f3

                                            POEMAS DE SUSANA RIVIERE

Oscuridad

Titila la noche,
mis labios también
como oscuridad
sorprendida por la luz.

Amanece
lejanos sonidos abren
un canto nuevo.

Gorriones

Hoy he visto volar pequeños gorriones,
pájaros de tierras queridas,
vuelan lejos de estampidas, gritos, marchas,
llantos, hambre,
vuelan lejos de las jaulas,
su piar es débil;
pobres gorriones de suelos amados.

En mi ventana están los míos,
los que me preguntan que hacer con sus alas
y su color marrón tan sencillo y rutinario.
Ellos no saben de márgenes pantanosas.

Días de vuelo

Los años son días acumulados.
Parada en mis palabras sin  puntillas,
sostengo mi vida con la fuerza de un Samurai
y la delicadeza de una Geisha.
Aquí queda mi sombra de lágrimas,
el barro para hacer el nuevo cántaro
que contenga mi espíritu.
Aquí espero el águila,
el nuevo vuelo.

Susana Riviere
Argentina



domingo, 23 de febrero de 2014

LA INVITADA: SUSANA MARÍA RICO BARRERA. POETA


Susana María Rico Barrera nace en la ciudad de Medellín en el año 1992.
Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá.
Participó en el Taller de Poesía del Gimnasio Moderno, hizo parte del "Recital de Navidad-Nuevas poetas Colombianas saludan a Orietta Lozano" en el año 2012.
Hace parte de la antología Garaje 69. Poesía Erótica Iberoamericana 2010, editada en México.
Actualmente estudia Filología en Rusia.


http://susanamaryoceano.blogspot.com/

                                  POEMAS DE SUSANA MARÍA RICO BARRERA

Espejo

Hallé la carta
cuando el calendario marcó
mi primer mes ausente de casa.

Entre líneas se dibuja el rostro de mi madre
ocupando espacios donde no caben silencios
y lágrimas viajeras entre suspiros
para acompañar nuestras nostalgias.

Al leerla
sé que soy la misma,
nuestro reflejo son las palabras.

De La Misteriosa Poesía
Taller de Poesía del Gimnasio Moderno
2012

En el encierro,
en el destierro
la luz atraviesa las barreras
hasta llegar a mi,
mujer de sombras infinitas
mujer frágil y exhausta.

En el encierro,
en el destierro
la oscuridad tiembla con la respiración
mujer sin voz
mujer que grita.

En el encierro,
en el destierro
no hay esperanza en el tiempo
mujer condenada
mujer solitaria.

En el encierro,
en el destierro
no hay diferencia entre cuerpo y muros
mujer tiniebla
mujer nada.

Y entonces,
amanece.
Y entonces,
estoy viva
Y me siento aquí
a jugar con el viento.

Luz

Dentro de mi lámpara,
mariposas nocturnas abrieron sus alas por última vez
también una libélula joven, una mosca.
Diría que actuaron por instinto
para encontrar torpemente la luz de mi ventana
en el último piso de un edificio viejo.
Las mariposas ciegas, revolotearon sobre mí,
golpearon sus cuerpos contra la pared,
se aquietaron y regresaron a la lámpara.
La libélula entró de madrugada
y simplemente se quedó sobre la luz.
La mosca halló un espacio roto
quedó atrapada y murió después de un largo zumbido
¿O suspiro?
Aquellas mariposas perecieron igual,
quemando sus escamosas alas con el bombillo de neón.

¿Y ese es el efecto de la luz transmutadora?
¿La luz al final del túnel?
¿La luz al nacer? ¿Al morir?

Parece ser una trampa.
La luz siempre indica muerte, fin.
Todo día nuevo es el fin del anterior.
Todo nacimiento es el comienzo de un ciclo
toda muerte es el fin de ese ciclo.

¿Habrán nacido otra vez esos insectos?

Dentro de una habitación estoy yo bajo una lámpara,
el reflejo ene l espejo me enseña nuevas marcas
la mirada cansada de todos los días,
el cabello revuelto sobre los hombros.
Frente a mí aparecen todas las que he sido,
las que dejé atrás sin darme cuenta.

La luz siempre indica muerte, fin.
La luz me muestra que he cambiado.
Hoy, soy otra.
Mañana, tal vez no sea yo.

Esto, repitiéndose continuamente
hasta que un día, torpe y ciega,
quede atrapada dentro de la luz.

Susana María Rico Barrera
Bogotá



sábado, 22 de febrero de 2014

EL INVITADO: JOHN ALEJANDRO BENITO. POETA


John Alejandro Benito, Bogotá, 1983.
Es Ingeniero en telemática de la Universidad Distrital de Bogotá Francisco José de Caldas.
Sus poemas y otros escritos se han dado a conocer a través de las redes sociales.
Hizo parte de la promoción 2012 de poetas del Taller de Poesía del Gimnasio Moderno de la ciudad de Bogotá.
Actualmente prepara su primer libro de poesía.

http://el-ultimo-argonauta.blogspot.com/
http://informe-de-persistencia.blogspot.com/search/label/bogota

                                          POEMAS DE JOHN ALEJANDRO BENITO

Lo perdido

Hay un ahogo de crujido en todo lo que no nos llevamos
en lo que deja de contenernos para siempre
sin que apenas podamos abarcar
la magnitud de lo perdido,
el espacio que deja de ocupar
y nada más lo llena
por más empeño en el silencio, en los pasos,
en darle amaneceres enteros a otros cielos.

Lo perdido no vuelve, pero sigue allí
en el mismo lugar donde dejamos que partiera
       (aún cuando no hubiera movimiento alguno)
quizá sin saber aún del abandono
con el mismo gesto desprevenido
de otros tiempos
con la misma distancia
con que se mira el infinito.

Ya no importa, dicen,
en la mar colman los peces
pero la mar es un lugar extraño
bajo el extravío
pero alguien más terminará encontrando
nuestro rastro
y al final no seremos más
que la suma de todo
lo que soltamos de las manos.

Agua

Cesó de llover
y las gotas rezagadas apuran un hilo en el tejado.
Yo escucho el diálogo ancestral con la piedra
mientras trasiegan los signos del mundo en la ventana.
Algo parecen decirme sus pausas,
en nada cercanas al tosco huir de las palabras.
Y sin embargo me asalta la leve impresión
de entender el breve mensaje al romperse
las últimas gotas al borde del alba:
su inacabado sonido, aun en el hondo silencio,
su siempre tener a dónde ir,
su eterno retorno a la calma,
su discreto existir en el todo.
Ese misterio que no se revela con pinzas
y tampoco se alcanza en un ruego.

Pescador

Con lentitud arroja el hilo imperceptible
sobre esa otra orilla
-mar de aire en que pisamos el abismo-
y espera,
con paciencia de semilla en invierno
a ese algo flotando en la distancia,
fugaz, esquivo, inaplazable...,
acercándose desde el fondo del silencio,
como si hubiera emergido de allí
solo para que fuera su testigo,
el breve anunciador de su existencia,
el eco de una voz perdida
                     en el torrente de los siglos.

Entonces, basta contener el aliento
y dejar que el puño tense la red,
para escribir
lo que traiga la marea.

De La Misteriosa Poesía
Taller de Poesía del Gimnasio Moderno
Bogotá, 2012


Acta de nacimiento II

Tiene derecho a guardar recuerdos
Todo lo que no diga será usado en su contra
Tiene derecho al beneficio de la duda
si no puede soportarlo,
la vida le proporcionará tardías respuestas
Se le acusa de nacimiento involuntario
Alegar demencia no será una excusa
Y declararse culpable solo hará más difícil su existencia.
Se le condena a trabajos forzados en horario de oficina
A vivir entre paredes
A cruzar todas las puertas con una sonrisa en el rostro
A buscar desde el principio lo que se merece,
así no lo merezca.
A dedicarle la otra mitad de su vida a una sola persona
A procurarse un lugar donde terminar sus días
sin ser un estorbo.


Fe de erratas

En mis ratos libres hago una de las cosas que más me gusta: ser yo mismo.
El resto del tiempo intento alcanzar un título académico, un premio literario, un salario, una primera fila, una canción en los dedos, una mujer a la distancia, un verso en el aire y un happy hour.

John Alejandro Benito
Bogotá

martes, 18 de febrero de 2014

EL INVITADO: CARLOS AGUASACO. POETA


Carlos Aguasaco, Bogotá, 1975. Reside en la ciudad de Nueva York.

Es Profesional en estudios literarios de la Universidad Nacional de Colombia, Doctor en lenguas hispanas y literatura (Stony Brook University), Master en literatura (The City College of New York CUNY), Profesor de Estudios Culturales Latinoamericanos y Español en el Departamento de Estudios Interdisciplinarios en The City College of the City University of New York.

Fundador y organizador del Festival Latinoamericano de Poesía Ciudad de Nueva York.
Dirige la editorial Artepoética Press.

Es coeditor de 5 antologías:

Festival Latinoamericano de Poesía Ciudad de Nueva York 2013
Festival Latinoamericano de Poesía Ciudad de Nueva York 2012
Ensayos sin frontera  2005
Narraciones sin frontera: 27 cuentistas hispanoamericanos 2004
10 poetas latinoamericanos en USA 2003

Libros de poemas:

Conversando con el Ángel 2003
Nocturnos del caminante 2010
Antología de poetas hermafroditas 2014


http://www.artepoetica.com/

                                           POEMAS DE CARLOS AGUASACO

Del buen sentido

                                                                                     De una tela de Cesar Vallejo

Debo decirte madre,
Que existe un lugar en el mundo al que todos llaman Nueva York
Un lugar alto y lejano y aún más alto
Más alto que la iglesia en el cerro de Monserrate y sus palomas
sonámbulas
Más alto y lejano que el volcán en que pereció nuestra especie
y sus cenizas azules quemando nuestros rostros mestizos
Más lejano que yo mismo cuando fui a París a visitar a Vallejo
Más alto que Vallejo que ahora valleja a ras tierra
Alto y lejano como yo, visto desde abajo
Cuando salto desnudo a nadar en el Hudson
y encuentro inmigrantes tratando de alcanzar la costa
Sus cuerpos sin vida me llaman desde el fondo
y yo les hablo de ti, madre
de la mariposa que se fue de tu vientre
del día en que soñaste que yo era un enano
Madre, este lugar en el mundo al que todos llaman Nueva York
No es París, pero tiene una dama francesa que le sonríe a Europa
Al otro lado del teléfono, mi madre me desea primaveras
y aquí florecen las margaritas de plástico y sonríen las chicas con tetas
de goma
Madre, no me ajustes el cuello para que empiece a nevar, sino para que
cese de nevar
Déjame vagar por esta isla soberbia entre las luces del Show Business
Embriagame a solas con tu ausencia y comienza a vivir cansada de  mí.
ausente de mí, vacía de mí, sorda de mí, ciega de mí, muda de mí,
insomne de mí
Bajo esta muralla de sombras
yace un Titanic de granito y un niño que llora en los trenes subterráneos
La madre de otro hombre lo despierta y se acuesta en su cama
Nosotros madre, somos de otro tiempo
nuestra piel es cuero de tambor y jamás perderemos el acento.

Ventana

La ventana existe porque la observo, porque la creo,
porque en la oscuridad de los túneles del subway,
la ventana es un sarcasmo, prolongación de la oscuridad.
Ese gusano de plata, la ballena automática que se indigesta de hombres,
que se atraganta de lenguas, que se detiene a respirar,
que se convierte en rumiante, que traga, que mastica, que inhala,
que exhala, que no distingue entre razas, que pertenece al camino,
que parece haberse propuesto acabar con sus zapatos de hierro
y encontrar la luz en Queens al volver de Manhattan,
abre sus puertas y me deja entrar.
Una Babel acostada, rodante, peregrina, una Babel ambiciosa,
una torre que intenta alcanzar las entrañas del infierno,
me lleva en mi camino cada día hacia Harlem.
Renuncio  a releer el periódico, a mordisquear un Best Seller,
a engullirme de Hip-Hop, a concentrarme en mi horario,
y creo la ventana, la dejo aparecer en el techo, la dejo ser
redonda, rasgada, arabesca, la dejo ser una ventana.
Luego, como una rata en subway me interno, me extravío, me pierdo,
en busca de luz, de agua, de una alcantarilla en  Times Square
o de una oportunidad en Broadway.
La ventana existe porque la observo, porque la creo,
porque en la oscuridad de los túneles del subway,
la ventana es un sarcasmo, prolongación de la oscuridad.
El chiste magnífico que hace reír al idiota, al autista, al newyorkino,
al roedor que me habita desde que vine a esta isla.

Nueva York a ras de tierra

La saliva de un hombre se convierte en granizo
y cae desde los rascacielos directo hacia mi cabeza
¿Debo creer es una señal del cielo?
Quisiera escupir de vuelta y hacerle tragar su miseria.
Mis palabras son un viento frío que corta en las orejas
es mejor callarse y seguir el camino en busca de albergue.
Dormido en el autobús, sueño con una palabra convertida en flecha,
una pieza de hielo triangular capaz de cruzar el atlántico,
una paloma de viento frío, y de agua, que llegue hasta mi casa,
una imagen traslúcida que descienda sobre mi madre
y le deje saber que estoy vivo.

Carlos Aguasaco
Bogotá-Nueva York



domingo, 16 de febrero de 2014

OLIVER


                                                       MARY OLIVER
                                                    ESTADOS UNIDOS
                                                               1935 

Lluvia

Llovió toda la tarde, y luego
semejante poder cayó de las nubes
en un hilo amarillo,
autoritario como se supone que es Dios.
Cuando golpeó el árbol
el cuerpo de ella se abrió para siempre.

Los usos del dolor

(Este poema lo soñé cuando dormía)
Alguien a quien una vez amé
me regaló una caja llena de oscuridad,
me llevó años comprender
que esto, también, era un regalo.


La ciénaga 

Anoche, bajo la lluvia, algunos hombres treparon
el alambrado del centro de detención.
En la oscuridad se preguntaron si iban a lograrlo,
y supieron que lo tenían que intentar.
En la oscuridad treparon el alambre de púas,
puñado tras puñado.
En la oscuridad, también, capturaron a la mayoría
y los devolvieron adentro.
Pero unos pocos todavía están trepando, o vadeando
la ciénaga azul del otro lado.

¿Cómo se sentirá agarrar el alambre de púas
como si fuese un pedazo de pan o un par de zapatos?
¿Cómo se  sentirá agarrar el alambre de púas
como si fuese un plato y un tenedor,
o un manojo de flores?
¿Cómo se sentirá agarrar el alambre de púas
como si fuese el picaporte de una puerta, papeles de trabajo,
o una sábana limpia con la que quieres cubrirte el cuerpo?

A la orilla del mar

Ya escuché esta música antes
dijo el cuerpo.

Mary Oliver
Estados Unidos

EL INVITADO: ROBERTO ABAD JORDÁN. POETA


Roberto Abad Jordán, Perú, 1974.

Estudió Psicología en la Universidad Ricardo Palma, vive en la ciudad de Lima, es poeta y crítico.


                                         POEMAS DE ROBERTO ABAD JORDÁN

A veces hallo tan grande a la miseria que temo necesitar de ella,
hubo un tiempo en que mis únicas pasiones eran la pobreza y la lluvia.


                                 El olvido es lo que pasó apenas hace un momento,
                                 ese llanto demencialmente virgen del mar cada día.

Atestiguo a media lumbre y barro
la noche que entreteje ciertos astros, ciertos significados,
el temblor de los maderos sobre las primeras aguas lilas
quebrados en las aguas circulares de las manos,
lo que una flauta contempla en el poniente insaciable
inclinada levemente sobre el grito puro de las cruces
labradas por una sucesión de milagros;
así nace la soledad,
separando las semillas definitivas como un cuerpo acariciado
se separa de la eternidad.


Aún eres el cántaro cerrado
resonando en los tambores abstractos del alba
partías los cálices y el barro desmayaba sobre la mesa cada día
bajo el olor a claustro y cera caliente del velo adormecías el sueño ritual,
eras la música extraña de las avenidas desiertas.
estremecimiento de dioses terribles, miel y absenta del cuenco ofrendado.
una palabra que yo le debía al mar.
aún estoy sentado sobre la misma piedra
mezclado al follaje puro y los cierzos
sea donde sea que me estés esperando
aparecerás en el verdadero silencio que mantiene despierta a las cosas
cerca de las habitaciones vacías donde las horas son más claras
aparecerás luna parva, oscuro equilibrio de luna
intacta en su elemento de arcilla y cicatriz
inclinada sobre los árboles fatigados
quebrando a nacer en los últimos reflejos de los jaspes
dulce madera tiernísima niña parecida a la existencia de una plegaria
extenuación de pájaros semilla quemada que creció hasta ser paloma o idea
allí donde vi los significados sobre los suelos antiguos del invierno
allí donde vi la perfección de la herida
los jardines donde todas tus leyes se cumplían.

Roberto Abad Jordán
Perú