sábado, 9 de agosto de 2014
OROZCO
ARMANDO OROZCO TOVAR
COLOMBIA
1943
Desencuentro
Ya es hora de que pregunte por mí,
que me vaya con los ausentes,
que regrese con la lluvia.
Debo salir pronto a caminar,
pero no encuentro la calle
los escalones de mis piernas.
Sé que debo irme en los trenes,
amarillos del barro,
subirme en el polvo de mi corazón.
Presentimientos
Tengo miedo de los amigos
perdidos
entre el humo y el sueño.
Tengo miedo de los labios
que dejan en el aire
silbando el filo de un cuchillo.
Tengo miedo del paisaje
donde ya nadie habita
el desnudo río del recuerdo.
Tengo miedo del minuto
que nos hunde
en la oscura memoria de los sueños.
A María Mercedes Carranza
Suicida
El secreto guarda
el secreto
la esconde desnuda
entre su lámpara,
sobre el papel
es verso inacabado.
Lo llama en secreto
con un revólver en la mano.
Territorio
No puedo penetrar
al territorio de tu sueño.
Y huérfano me quedo afuera
cuando cierras la puerta.
¿Cómo será la habitación
donde te mueves?
¿El rostro de aquel,
que entre oscuros corredores,
te posee?
¿Quién duerme dentro de ti
como un tibio animal entre tus muslos?
Armando Orozco Tovar
Colombia
FUERZA DE LA PALABRA "MEMORIAS DE LA TIERRA"
V ENCUENTRO DE ESCRITORES FUERZA DE LA PALABRA
"Memorias de la tierra"
La primera hora del día
El alba asoma entre los cerros,
el gallo canta,
las flores abren,
el aroma del café fresco
inunda la estancia;
los hombres beben despacio
contemplan la llanura
a lo lejos las montañas
y tras de ellas el horizonte.
Es la primera hora del día
se encomiendan a Dios
y parten con sus sueños
a sembrar la tierra.
Cuando iban a lavar ropa al río
Las mujeres iban juntas a lavar ropa al río,
mataban la tarde contándose historias,
se echaban agua por encima y reían a carcajadas
las más jóvenes adivinaban rostros en las nubes,
se botaban boca arriba mirando el cielo,
suspiraban.
El río murmuraba entre las piedras cauce abajo,
el viento mecía las hojas.
Terminaban antes que la noche cubriera todo
y todo se hiciera oscuro;
recogían las totumas,
acomodaban las ropas mojadas en bateas
y juntas regresaban por el camino.
Cada vez más lejos
se escuchaba el murmullo del río.
A la mañana siguiente si alguna no aparecía
las demás mujeres se hacían la señal de la cruz
y con el credo en la boca exclamaban:
El Mohán se la llevó.
Páramo
Reino de niebla y silencio
por tus laderas el tiempo pasa despacio
recordando con nostalgia
los primeros días del mundo.
Serenos frailejones
arrullan la cuna de los dioses,
los ancestros duermen en tu tierra
profunda y oscura.
El cielo acaricia tu cumbre blanca,
el viento recorre tus caminos
como el amante que cierra los ojos.
Páramo, montaña vieja
formaste el temple de mi padre
y el temple del padre de mi padre
páramo de mis hijos,
santuario de las lágrimas
hoy te veo llorar.
El camino
El olvido cubre el camino,
el tiempo de la marchitez
tiñó las azucenas.
A lo lejos la casa en ruinas
es otro silencio.
Ya no se oye el canto de los pájaros,
sólo se siente al viento azotar las puertas
y gemir por entre las rendijas.
El bosque de árboles desnudos
añora la tibieza de los nidos:
yo soy como esos árboles
que envejecen con nostalgia.
La casa en ruinas
espera que le devuelva los días perdidos
pero yo soy como el camino
que el olvido va cubriendo.
Lamento
Soy la tierra,
a pesar de las heridas
aún respiro.
Has cortado tan profundo mi garganta
que ya no queda voz dentro de mi;
cercenaste mis alas,
arrasaste mis senos verdes,
profanaste mi vientre sagrado.
¡Hay tanta rabia en tu corazón Hijo mio!
Ya no me quedan lágrimas;
No hay consuelo para tanto dolor
Sergio Antonio Chiappe
Bogotá
miércoles, 6 de agosto de 2014
OSPINA
WILLIAM OSPINA
COLOMBIA
1954
Ciervos
Sobre la luna hay muchos ciervos, pero sólo uno es rojo.
Los ciervos blancos querrían destruirlo, porque temen
que esa mancha sangrienta en la noche despierte a los demonios.
Pero los demonios sólo fingen dormir.
Nuestros muertos
No están en parte alguna,
ya son hierba y estrellas,
pero su sombra enturbia las palabras
y sólo a veces pasan por la mente,
vagan por nuestras almas, reclamando
lo que nunca les dimos.
Ciego
Como las sensitivas antenas del insecto
el báculo del ciego va explorando el espacio.
Es un rumor la tarde,
honduras y declives,
peligros que previene un cauteloso oído.
Para él está en las voces
la belleza que hallamos en los rostros,
la rosa está en el viento,
y en la alegría de los vendedores
la bruma roja que flota al oeste.
El geólogo
Aquí hubo un mar hace un millón de años.
El hombre no lo sabe, mas la piedra se acuerda.
Pártela: hay un cangrejo en sus entrañas,
todo de piedra ya, forma magnífica
que se negó a ser polvo.
Ante el peñasco y el guijarro, piensa
que acaso fueron seres dolorosos,
sangre y pulmones palpitantes.
Entre la ciega roca
y el trémolo extasiado de la salamandra
tan sólo hay tiempo.
Ellos son poderosos
No digas que tienes sed, porque te darán un vaso con tu sangre.
No digas que tienes hambre, porque te servirán tus dedos cortados.
No digas que tienes sueño, porque te coserán con hilo los párpados.
No digas que amas a alguien, porque te traerán su corazón putrefacto.
No digas que quieres al mundo, porque multiplicarán los incendios.
No digas que buscas a Dios, porque te llenarán de brasas la boca.
No digas que está bello el rocío que dulcemente cubre los campos,
porque en cada gota celeste inocularán pestilencia.
William Ospina
Colombia
domingo, 3 de agosto de 2014
FUERZA DE LA PALABRA "RECUERDOS DE SANTA ROSA"
V ENCUENTRO DE ESCRITORES FUERZA DE LA PALABRA
"Memorias de la tierra"
Santa Rosa
El amparo de la ceiba
Dejando atrás Santa Rosa
Sergio Antonio Chiappe
Bogotá
"Memorias de la tierra"
Santa Rosa
La casa era de tapias blancas y ventanas de madera roja, alrededor del patio de limoneros se disponían
los dormitorios, los largos corredores adornados con macetas de geranios y claveles daban entrada al
solar que era inmenso como el mundo.
La cocina era el lugar más bullicioso de la casa, las mujeres madrugaban a encender la leña y a poner a
hervir agua en las ollas. Santa Rosa siempre olía a café fresco.
La hacienda despertaba con el canto del gallo y el bramido de las vacas; el eco se esparcía por el valle.
Los hombres se encomendaban a Dios y partían temprano a los cultivos para dar inicio a la labranza.
El amparo de la ceiba
Corría el año 1948, y en la capital se daba el suceso que partiría en dos y para siempre la historia y el corazón de Colombia: El Bogotazo.
Mi madre, mi abuela y mi tía vivían en Santa Rosa, en el valle de San Juan, en algún lugar de las montañas del Tolima. Para llegar a Ibagué viajaban en mula hasta Rovira, tras tomar aire y guarapo esperaban un jeep carguero que por unos cuantos centavos las sacaba de aquel pueblo. Una vez en Ibagué había que alistarse para una larga jornada cuyo destino era Bogotá. Este periplo tardaba entre 5 a 6 días, y fue el recorrido que hizo el abuelo Abdonías -quien era el gamonal liberal de la región- para acudir a la IX Conferencia Panamericana donde se urdía un plan orquestado por el gobierno de Estados Unidos para declarar al comunismo como una actividad fuera de la ley.
Antes de coger camino hacia Bogotá, los abuelos acordaron encontrarse en la hacienda, ya que a finales de ese marzo acababan de recoger la cosecha de café y tenían que hacerse cargo de vender la carga, por eso la abuela Mauricia dejó a mi mamá y a mi tía al cuidado de sus hermanas en la casona de la calle 26 y se dispuso a volver a Santa Rosa como lo habían convenido.
La Violencia la tomó por sorpresa en la soledad de la hacienda, no había peones ni mujeres, no había nadie, solos los bultos del grano apilados en la bodega para llevarlos a los centros de acopio. Ella ignoraba todo lo sucedido en la capital. En el Valle de San Juan siempre llegaban tarde.
Cuatro o cinco días después fue por boca del tonto Tobías que por un plato de guisantes y un guarapo soltaría la lengua: "Ay Señora Mauricia la vienen a matar!" fue lo primero que dijo. Después del segundo guarapo contó que La Chusma se había fugado de las cárceles y que venía como una mala nube arrasando con todo lo que encontraba a su paso, y desafortunadamente la finca y la abuela se encontraban en medio de su camino. Ella ese día esperó a que cayera la tarde y la oscuridad le diera ventaja, corrió a campo abierto con un costal, una veladora y con el rosario en la mano hasta la vieja ceiba cuyo tronco ahuecado le proporcionaría la única oportunidad de seguir con vida. Como pudo se metió dentro de aquel hueco, tapó la entrada con el costal, encendió la veladora cubriendo con cuidado la llama para no ser descubierta, rogó para que creyeran que era una luciérnaga y se encomendó a la protección de los doce apóstoles de quienes siempre fue ferviente devota.
Durante toda la noche vio desfilar desde su escondite a la muchedumbre frenética blasfemando contra Dios y contra la patria. Tuvo que ser por intervención divina que esta gente pasó por Santa Rosa sin arrancar los geranios de las macetas, desmantelar puertas o ventanas, robarse los bultos de café o siquiera un sorbo de agua.
Sino hubiera sido por la advertencia de Tobías, el tronco ahuecado de la ceiba y la inmensa fe de la abuela, tal vez esa noche la historia de la familia habría tomado otro curso.
Dejando atrás Santa Rosa
Cuando la abuela salió de Santa Rosa lo hizo para no volver jamás.
Tomó a la tía Elsy de una mano y a mi mamá de la otra y con su dignidad y la precaria situación económica con que la dejó el abuelo se instaló en un humilde rancho a la orilla de un camino polvoriento. Para poder dormir tenían que estar totalmente agotadas para así no sentir la superficie dura de la barbacoa, la esterilla y la tierra seca.
El rancho estaba concebido para los jornaleros, escasamente protegía del sol y de la lluvia, desde allí los hombres cuidaban las reces que pastaban, mataban las noches zurrunguiando el tiple y contando historias de animas y aparecidos para alejar el sueño.
Fue una época demasiado dura. La abuela cosía por encargo e iba casa por casa llevando los pedidos y cobrando el trabajo. Cabe decir que las distancias en el campo son enormes. Mientras tanto las niñas crecían como podían.
Mauricia recibía la paga al final de la tarde y cuando por fín regresaba al rancho no tenía alaientos para salir de nuevo. Por lo general le decía a mi mamá " Mija vaya hasta la finca de los Carretero y traiga pan y panela para pasar la noche y entretener las tripas".
Ir hasta la finca de los Carretero demoraba unos quince minutos de ida y otros quince de vuelta, esto para una niña de siete años, en pleno campo y a las seis de la tarde era toda una eternidad. Mi mamá -pienso yo- tomaba estas caminatas por el campo como uno más de los juegos de la infancia.
Cuando ya había andado un largo trecho veía salir de los altos pastizales a un perro grande y negro que se hacía a su lado y la acompañaba por el resto del camino, lo que más recuerda ella es la fuerte respiración del animal. Cuando ya estaba cerca de la tienda y podía ver las luces de la casa el perro desaparecía.
En cierta ocasión en la que se encontraron la abuela y Doña Empera, esta última pregunta: Maura ¿quién es el jovencito que acompaña a la niña cuando viene por el mandado, él no es de por estos lados?
La abuela con una sonrisa y con la voz serena le contesta: Emperatriz cuándo me han quedado mal Dios y los doce apóstoles?
Sergio Antonio Chiappe
Bogotá
miércoles, 16 de julio de 2014
MUTIS DURÁN
SANTIAGO MUTIS DURÁN
COLOMBIA
1951
El bosque blanco
Un alma empañada de júbilo
Un alba de cenizas llorando
sobre sus pechos desnudos
El afán de las desdichas
La esperanza, algo, brillando en el aire
El olor del campo
Poleas y cuerdas en el bosque de los campanarios
El canto de maderas, el fuego, las flores
Las hojas cubriendo los senderos
El agua de acequias como espejos
La fraternidad
La vigilia
El esplendor de las lámparas
Las fugaces sombras
El bosque blanco de los días
Las guirnaldas...
Todo es incienso
Tú también eres lluvia
II
Pájaros trae la noche en sus alas.
Árboles, sueños...caídos de estrellas.
Silencio de la noche que pasa ciega.
Cada sueño es vida que se abre,
aurora en el fluir de tu sangre
que como un vino se precipita
al mar, al olvido
y en cada brillo de su espuma
sabrás que sólo eres rama del deseo,
rama tierna, floreciente
...palabra suave que algún día
se abrirá al viento.
Volver a nacer
A Eleonora,
"paloma de mi sangre"
Basta pensar para crear el objeto pensado.
La palabra "pájaro"
es un pájaro de aire
que sus labios lanzan hacia mí
y su vuelo cruza mi cabeza
y su luz toca mi pensamiento.
En el fondo...
En el fondo de las piedras
se escucha el vuelo de los pájaros.
Santiago Mutis Durán
Colombia
jueves, 10 de julio de 2014
MALLARINO
GONZALO MALLARINO FLÓREZ
COLOMBIA
1958
Las voces que estaban
El tiempo se mete entre los vidrios. Borra
las cosas y las voces que estaban.
Yo creería que lo único son los ojos. Y solo a veces.
Los ojos tienen siempre una tristeza
que puede durar.
En cambio las voces. Las manos. Las
bocas. Todo se hace astillas. Particularmente
los brazos se hacen astillas.
Ya el vientre que respirábamos. O los muslos
dulces. Eso se ha perdido casi
como si no hubiera sido nunca.
O como si no hubiéramos sido nosotros.
¡Que dolor! Como si no hubiéramos
sido nosotros.
Pablo Sexto
Algunos despiertan
pero permanecen tendidos en sus camas.
Abren los ojos sin luz,
sin mirada.
Algunos como tú
no quieren levantarse y mirar por la ventana
porque saben que un bloque
de nubes estará oscureciendo a Monserrate.
Porque saben que en el parque
las gotas estarán brillando entre los pinos
y deslizándose sobre las hojas púrpuras de los eucaliptos.
Y no quieren mirar eso al despertar.
Entonces no se levantan.
Hay mujeres como tú que no se levantan
porque sienten sus vidas
como fardos.
Tú. A quien quiero llamar,
nombrar ahora Adelaida por ejemplo
bebiendo agua en la cocina oscurecida.
No has querido mirar la tarde dura del domingo.
Sólo bebes agua como todos al despertar.
Descalza sobre el baldosín,
desnuda bajo la bata blanca,
con los mechones claros y largos de pelo
sobre la espalda
y a los lados de la cabeza.
El lunes por la noche cuando la vecina te encuentre
la luz del alumbrado entrará por la ventana
tu rostro se verá morado o gris,
tendrás las manos sobre el pecho
y las piernas un poco separadas.
Adelaida.
Tendrás los labios cerrados con fuerza.
Secos. Sin dolor.
Afuera seguirá lloviendo Adelaida.
El agua caerá incesantemente
bajo el polvo blanco y silencioso de las lámparas.
Gonzalo Mallarino Flórez
Colombia
miércoles, 9 de julio de 2014
CADAVID
JORGE CADAVID
COLOMBIA
1962
Hacer cosas con palabras
Quiero hacer cosas con palabras
por ejemplo, construir un vaso de vidrio
y una imagen clara como el agua
que atraviese su forma devota
Quiero beber su espectro luminoso
en el gastado hilo del día
Deseo sentir el recorrido absorto
de la transparencia en mi garganta
y verificar en silencio
que las ideas descienden líquidas
y es imposible retener su caudal
con solo mi pensamiento.
Oda a los ojos del pájaro
Donde había puntos y comas
el pájaro vio semillas
Donde había versos
el pájaro sólo vio caminos
Donde había párrafos
el pájaro vio nubes
No es que lea mal los signos
el pájaro ha sido deliberado,
laborioso incluso,
pero nunca buscó la perfección
nunca se entretuvo con la técnica
más de lo necesario.
Versos que crecen con el sonido de la lluvia
Dios es el aire
el espacio vacío dentro del árbol
Es imposible de contar
las hojas que tiene
las gotas de lluvia que lo atraviesan
El primer habitante
del árbol
tuvo que ser la luz
un pájaro de luz.
La mirada silente
Un pájaro
es una hoja
Una hoja
cuyo árbol
no existe.
Como el aire
El pez
es la materialización del agua
El fruto
es la condensación del aire
Deja la mirada suspendida
en el aire, en el agua,
para observarte desde ellos
y despojarte de la mirada.
Jorge Cadavid
Colombia.
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