domingo, 4 de mayo de 2014

EL INVITADO: CARLOS FERNANDO CHAPARRO. POETA


Carlos Fernando Chaparro, Sogamoso, Boyacá 1983.

Estudiante de Licenciatura en Artes y Licenciatura en Humanidades y Literatura  de la Universidad Minuto de Dios de la ciudad de Bogotá.

Fundador del periódico literario Minutos Narrativos.

Trabaja con poblaciones vulnerables dictando talleres de pintura y como Bibliotecario desarrolla talleres de expresión literaria.

Poemas suyos han sido publicados en revistas y folletines literarios de las Universidades Distrital, Libre y Los Libertadores.

Fue uno de los poetas invitados al V Festival de Poesía y Literatura Ojo en la Tinta organizado por el Colectivo La Raíz Invertida en la ciudad de Bogotá en el año 2013

                              POEMAS DE CARLOS FERNANDO CHAPARRO


Negruras

En la espalda de la calle,
bajo el aleteo del árbol,
la luna amasa sombra.

En brazos de un hombre
se fuga
la noche.

Refugio

Presa en la habitación,
la mañana enloda su ala de polillas.

Telarañas tejen
hambre de sombras.

Mi habitación,
muere en un rincón de la ventana.


Sólido

Con el ángulo
del mediodía, me corto la espalda.

Como todas las tardes
regreso con la sombra entre las manos.

Carlos Fernando Chaparro
Bogotá

jueves, 1 de mayo de 2014

ADÁN


                                        RAMÓN RAFAEL De la FUENTE BENAVIDES
                                                           (MARTÍN ADÁN)
                                                                 1908-1985
                                                                    PERÚ


El sol

El sol brincó en el árbol.
Después, todo fue pájaros.

Lejos, caía lluvia
del cielo de tus manos
-un cielo pequeñito,
lívido, solitario-

Hora el cielo es distancia,
ceguedad, aletazo...

El sol tiene en ele árbol
inquietudes de pájaro.

Itinerario de primavera.


La piedra absoluta
(fragmentos)

Poesía se está de fuera:
Poesía es una quimera
que oye ya a la vez y al dios.
Poesía no dice nada:
Poesía se está callada,
escuchando a su propia voz
como se va vida
o como crece pelo de cadáver

**

Eres yo mismo alguna vez
entre las veces,
entre las cosas,
entre los quienes...
Pero tú, piedra enquistada,
¿Quién eres?
¿A quién voy entre los seres?
¿A qué tiempo, a qué futuro
iré con mis míes y mis desdenes
y con mis piedras recónditas,
yo mismo, nube de mi mismo, celeste?



La mano desasida
(fragmento)

Y yo me moriré
porque no me basto.
Pero tú vives Machu Picchu,
piedra que se está en su alto.

Piedra que me representa,
piedra que se está gastando.
Nada será después de mi momento,
todo ya era cuando yo nacía.
Tras de mi muerte no moriré nunca,
siempre comenzará la vida.
Todo será como es y, sin embargo,
todo será variedad, sino, simpatía.
¡Todo será como es porque está ardiendo y doliéndome!
¡Porque no hay otra cosa!
Todo será como es porque no son
sino mi cuerpo y la nube y tu roca!
Todo, porque yo hablo todavía
y todo el mundo es oreja de ahora!
¡Y el aire es mi terror, y el río sueña,
y suena sin cesar, sin verdadera sombra!
¿Dormirás Alma mía?
¿despertarás mañana a tu quehacer?
¿serás otra vez la que te fuiste?
¿serás otra vez?
¡Ante esta roca, que te está mirando
y que te ve,
y que te ve tremenda con un solo ojo
de mil pies;
Ante esta roca huir es imposible
y hay que desnacer y renacer!
Porque ser es necesario,
no hay otro modo de no ser y renacer.
¿Y si no eres, qué eres, qué serás,
qué dios, qué intenso ser
te arrastrará en su furia?

Martín Adán
Perú

miércoles, 30 de abril de 2014

POETAS INVITADOS XVI: LA NOCHE EN BLANCO DE GRANADA/LA LUNA EN VERSO/ POETAS COLOMBIANOS


Los ahogados

En los campos ya no florecen los ojos abismados de los niños
ya nadie sigue el trayecto impredecible de las nubes
nadie trata de darle forma a sus fronteras cambiantes
en las volutas de tiempo blanco -detenido- ya no viaja nadie
Todos despertamos de repente
inundados en la estridencia pegajosa del vientre de la moribunda
A todos nos jalaron del letargo
acaso sin saber que tenemos aún más de ave que de humanos
Todos hemos cruzado la calle y nos enlistamos en la fábrica
pasamos los días apretándonos, fracturándonos, incrustándonos  en los huesos de otros
ajustándonos al cíclico paso de los piñones y las poleas
nunca nadie se preguntó para qué servía la gran maquina
quedar quebrados e inútiles es simplemente lo que llamamos "el destino"
al final del día contamos las tuercas que nos han dado
y las vamos chupando, contando sus aristas con la lengua
hasta que se cierran los ojos
luego el gallo de la veleta rota nos despierta con sus chillidos.

Esta mañana nos han sacado a todos
a ver como se arrojan a las llanuras
los jinetes voraces del diluvio
cómo se lanzan contra los edificios, las antenas, los cables, los postes,
sus cuerpos de sal y barro quebrándose destrozándose,
multiplicándose en las calles.

Nos han sacado a todos
a ver como vienen las multitudes del agua
cómo se arrastran, cómo ruedan
en cópula desaforada, desesperada, por las calles
echándonos sus rosas a la cara
sus rosas de ámbar turbio, sus rosas agrias.

Hoy nos han sacado para que los dragones del cielo
con brazos flácidos vengan a llevarnos
con encías bobas a roernos
a encallar sus millares de castillos
en nuestras orillas rotas, maculadas
-su tierra firme-

Nos han sacado a todos
y todos flotamos inertes con los dientes al aire, perlas del hastío.

Xantlí

                                                          "Oh Noche, oh Noche Bruna, oh Lorerey,
                                                                  Lilith, Budur, Xantlí, Noche Morena!"

                                                                                        León de Greiff
                                                                                        Fantasía cuasi sonata

Llega
meticulosa
repite la ceremonia
del umbral tibio
entre el agua que me acuna
y los brazos de luz que me reciben

En su pupila de ciego
mis huesos son deseo
En su cuerpo
la ausencia
es mi sueño

La noche es suave
y aúlla
peina el silencio
Su edad
está grabada en cristales
que el fuego ya no sabe copiar.

Gabriela Arciniegas
Bogotá



365 Olvidos

Sientes que me he ido de estas veinticuatro paredes.
De estas doce ruinas que se desgastan y se ajustan.
De estas catedrales resignadas.
De estas crueles y olvidadas esferas lánguidas.
Sientes que me he ido y estoy más cerca.
Más cerca de la mano que no es mía.
Más cerca del sol que te ilumina y no me brilla.
Más cerca de tu mirada que no me mira.
Más cerca de hoy y de mañana. De ti y de tu prisa.
Sientes que me he ido y estoy abandonada en este piso.
En esta calle cubierta de polvo,
de transeúntes que nada les importa,
que nada se les hace nido.
Estoy aquí y no me has visto.
Estoy aquí y me das una moneda.
Me confundes con el mendigo, con el ladrón y la ramera.
Estoy aquí y no me miras.
Estoy aquí y no me tocas.
Sientes que me he ido de tus trecientas sesenta y cinco noches
y tan solo estoy en una noche
con trecientos sesenta y cinco olvidos.

La noche

Ha venido a mi la noche
como un cadalso extemporáneo,
como una hoguera.
Las palpitaciones de la promesa exigua
han empezado a hacerse más tercas;
como pronunciamiento desatinado
ha llegado a mi la espera.

Seis de la tarde y el sol se ha ido
como si huyera.
Todo se ha tornado de una extraña siesta.
Las flores han caído dormidas en sus pequeñas hojas convexas,
y un relámpago se ha colgado al filo del cristal
que la mengua.

La noche ha callado a los cocuyos en su camela.
Se ha levantado en su brillo y como adoquines,
lado a lado de su diadema ha colgado sus estrellas.

¡Bendita noche esta!
¡Oscura e impenetrable!
noche duna de mis tragedias.
¡En tu sueño me has vencido!
¡veneno dulce sin receta!

María Fernanda Ceballos Calvache
Cali



Origen

Será esta noche
duelo limpio de carne
los hombres vendrán desde el olvido
a remover abismos y difuntos.
Correrán más veloces las aguas
y el cielo arderá como una única estrella
expandida líquida y quieta.
Será más feliz alguien
y algún remordimiento
abrirá a la mañana grietas
por donde escurrirán flamantes soles.
Nosotros nos cansaremos de palabras
y de intentos
volveremos al silencio
y cruzaremos despacio hacia la noche vieja.

20

El perro muestra frenético sus dientes
y corre con su presa entre la boca
llanura adentro;
ha sido largo el suspiro exhalado por el que ahora es un cadáver
banquete que entre mordiscos el hambre y el instinto riñen.
El perro cruza luego la noche,
la tiniebla que para él resulta el mundo humano.
Jadea, lame las magulladuras de sus días,
                        sabe,              entiende
qué son la soledad y el destierro,
pero desconoce la función del tiempo,
su impostergable cometido;
envejecerlo todo, acabarlo todo.
Como el perro
mis labios riñen con la vida y tragan luz,
jamás sacian su hambre,
ya adentro la luz es un rayo
y se extiende por las entrañas del cuerpo
que también cruza la noche
magullado,            solitario
consciente de que será cadáver,
banquete del tiempo;
ese otro perro
que llanura adentro,      noche adentro,       todo lo devora.

Camila Charry Noriega
De El día de hoy.
Bogotá


Mayéutica

I

Busco significados en los azulejos de los alcaloides,
intentando penetrar en el climax de una mente vacía:
A veces la filosofía nos arroja hacia una solida jauría,
ofreciéndonos la sevicia de una totalidad añorada por el hombre...

... y nos arranca la piel de la mínima incógnita
y nos retira del sosiego para santificar la ironía;
A veces la filosofía intenta demacrar una ley de gravedad insólita,
que al final del no final, declaramos con agonía.

II

... Y he chocado el cráneo contra los eclécticos dardos de un espejo jubilado;
amparando el crujir de una ácida estela
y enredando la alergia de un astro muy lejano.

III

A la par de una gacela aprendió a caminar el tiempo,
al revés viro su crimen, que nunca supo perdonar;
A veces la filosofía nos narra estos cortos cuentos
y otras se escabullen con los credos de un viejo sin mar.

IV

Busco significados en la nada, todo el día
y hallo el insomnio, como si fuera un ladrón que huye;
a veces extraño la avaricia de un ego que nunca obtuve
y me veo condenado al patíbulo de esa a la que llaman ... Filosofía.

Contrastes del insomnio excesivo

Evolución del traidor que reniega versatilidades en el avance de sus lenguas,
Sabiduría por saber que no sabemos acerca de un todo;
Vida hermética del enigma, de la vida ignorante e ingenua,
Obertura del sol nocturno y del solsticio sin trasfondo.
He sacrificado el sueño por alargar el ciclo de un placer bizarro,
haciendo que la llamada "felicidad" sea el frenesí de una cinta sueca
sobre psicópatas copulando con mujeres esbeltas
y cuyo orgasmo termine al cierre de una pala doblegada por el barro.
Mi descanso se ha fracturado por la devoción al licor
Y me han robado el yelmo de una batalla granadina;
La injuria dirigió hacia mi nombre su índice inquisidor
Y el insomnio me pervirtió entre ruinas griegas y latinas.
Me han robado proyecciones de un aquelarre lívido y cenizo
Y me han otorgado una naturaleza rendida a la infinidad de las brasas;
Con las noches he visto que nada está escrito
Y que la ciudad es el lapsus  de una victoria que nunca danza...

Se han enganchado las pupilas a la visión de una brecha,
Absteniéndose de concebir la silueta de un arlequín fatídico;
Han llegado los días en que la integridad se traga al hombre cínico
Y en que las palabras son pesadas y se dejan a merced de la mano derecha.

Francisco Joel Cruz
Bogotá



Voy recogiendo las hojas

Camino por las calles
que ya conocen mi sombra,
voy recogiendo las hojas
que no se llevó el otoño.

Me interno en la noche,
a ciegas persigo una luz
que ya se ha ido

con mis manos escarbo las cenizas,
remuevo el fuego,
pero sólo queda el humo que se desvanece.

Camino por las calles
donde se perdió mi sombra,
tu recuerdo y mis ojos tristes.

De noche

De noche todo cambia,
los ojos miran de manera diferente,
los cuerpos adoptan otra forma de moverse
y de tocarse

entre los murmullos nocturnos
puedo escuchar el corazón de los pájaros,
el rumor de las hojas,
el viento
y el lento caminar del silencio.

De noche cobran vida las sombras
que en el día parecen muertas.

La noche tiene su propio tiempo
y su propia luz.

Sergio Antonio Chiappe
Bogotá






martes, 22 de abril de 2014

GARCÍA MÁRQUEZ


                                              GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
                                                              COLOMBIA
                                                                1927-2014

Por primera vez he visto un cadáver. Es miércoles, pero siento como si fuera domingo porque no he ido a la escuela y me han puesto este vestido de pana verde que me aprieta en alguna parte. De la mano de mamá, siguiendo a mi abuelo que tantea con el bastón a cada paso para no tropezar con las cosas ( no ve bien en la penumbra, y cojea) he pasado frente al espejo de la sala y me he visto de cuerpo entero, vestido de verde y con este blanco lazo almidonado que me aprieta a un lado del cuello. Me he visto en la redonda luna manchada y he pensado: Ése soy yo, como si hoy fuera domingo.

Hemos venido a la casa donde está el muerto.

La hojarasca
1955



El coronel destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.
Mientras esperaba a que hirviera la infusión, sentado junto a la hornilla de barro cocido en una actitud de confiada e inocente expectativa, el coronel experimentó la sensación de que nacían hongos y lirios venenosos en sus tripas. Era octubre. Una mañana difícil de sortear, aún para un hombre como él que había sobrevivido a tantas mañanas como ésa. Durante cincuenta y seis años- desde cuando terminó la última guerra civil- el coronel no había hecho nada distinto de esperar. Octubre era una de las pocas cosas que llegaban.

El coronel no tiene quien le escriba
1961



Ésta es, incrédulos del mundo entero, la verídica historia de la Mamá Grande, soberana absoluta del reino de Macondo, que vivió en función de dominio durante 92 años y murió en olor de santidad un martes de setiembre pasado, y a cuyos funerales vino el Sumo Pontífice.

Ahora que la nación sacudida en sus entrañas ha recobrado el equilibrio; ahora que los gaiteros de San Jacinto, los contrabandistas de la Guajira, los arroceros del Sinú, las prostitutas de Guacamayal, los hechiceros de la Sierpe, y los bananeros de Aracataca han colgado sus toldos para restablecerse de la extenuante vigilia, y que han recuperado la serenidad y vuelto a tomar posesión de sus estados el presidente de la república y sus ministros y todos aquellos que representaron al poder público y a las potencias sobrenaturales en la más espléndida ocasión funeraria que registren los anales históricos; ahora que el Sumo Pontífice ha subido a los Cielos en cuerpo y alma, y que es imposible transitar en Macondo a causa de las botellas vacías, las colillas de cigarrillos, los huesos roídos, las latas y trapos y excrementos que dejó la muchedumbre que vino al entierro, ahora es la hora de recostar un taburete a la puerta de la calle y empezar a contar desde el principio los pormenores de ésta conmoción nacional, antes de que tengan tiempo de llegar los historiadores.

Los funerales de la Mamá Grande
1962


Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados, plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquiades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de sus sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aún los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades.
"las cosas, tienen vida propia - pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima." José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aún más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: " Para eso no sirve". Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. "Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa", replicó su marido. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo xv con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer.

Cien años de soledad 
1967 



Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y su adversario
de ajedrez más compasivo se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro.
Encontró el cadáver cubierto con una manta en el catre de campaña donde había dormido siempre, cerca de un taburete con la cubeta que había servido para vaporizar el veneno. En el suelo, amarrado de la pata del catre, estaba el cuerpo tendido de un gran danés negro de pecho nevado, y junto a él estaban las muletas.
El cuarto sofocante y abigarrado que hacía al mismo tiempo de alcoba y laboratorio, empezaba a iluminarse apenas con el resplandor del amanecer en la ventana abierta, pero era luz bastante para reconocer de inmediato la autoridad de la muerte. Las otras ventanas, así como cualquier resquicio de la habitación, estaban amordazadas con trapos o selladas con cartones negros,  y eso aumentaba su densidad opresiva. Había un mesón atiborrado de frascos y pomos sin rótulos, y dos cubetas de peltre descascarados bajo un foco ordinario cubierto de papel rojo. La tercera cubeta, la del líquido fijador, era la que estaba junto al cadáver. Había revistas y periódicos viejos por todas partes, pilas de negativos en placas de vidrio, muebles rotos, pero todo estaba preservado del polvo por una mano diligente. Aunque el aire de la ventana había purificado el ámbito, aún quedaba para quien supiera identificarlo el rescoldo tibio de los amores sin ventura de las almendras amargas.  El doctor Juvenal Urbino había pensado más de una vez, sin ánimo premonitorio, que aquel no era un lugar propicio para morir en gracia de Dios. Pero con el tiempo terminó por suponer que su desorden obedecía tal vez a una determinación cifrada de la Divina Providencia.


El amor en los tiempos del cólera
1985 


lunes, 7 de abril de 2014

EL INVITADO: FERNANDO DENIS. ESCRITOR


Fernando Denis (seudónimo de José Luis González San Juan)  nace en Ciénaga, Magdalena en el año 1968.
Poeta y traductor.
Creador y director de la colección Libros de la Mohana.
Actualmente dirige la Colección Literaria La sílaba de agua

Es considerado como una de las voces actuales más originales en la poesía de américa latina.
Su trabajo ha recibido comentarios favorables de la crítica literaria de Colombia. De él el escritor William Ospina dice: " la más evidente virtud de la poesía de Fernando Denis es la originalidad"

Publicaciones:

La criatura invisible en los crepúsculos de William Turner. 1997
Ven a estas arenas amarillas. 2004
El vino rojo de las sílabas. 2007
La geometría del agua. 2009



                                                  POEMAS DE FERNANDO DENIS

Música

No solamente has sido música para encontrarte.
También tu canto enrojeció los bosques donde fui forastero,
donde bebí el agua dormida que reflejaba tu desnudez
y los campos de uvas azules.
Recuerdo que tu música en esas florestas era una piel.
Música de Vivaldi, violines rojos,
canciones de amor eterno, rojos aposentos para la ternura.
Todos los pájaros de esta isla solitaria saben que tu música
arrulla el silencio de la memoria mientras duermes.

Y arde el rocío.
Arden en la sombra de tu cuarto los felinos.
Otra vez los gatos volvieron a tu sueño.
Recuerdo aún qué albos eran al llegar la noche.
En los muros, en los tejados,
las aves vigilan la luz de tu ventana,
el sonido de tu voz
reflejando el tiempo en los cristales.

Retrato

Otra vez va creciendo la luna en la
sombra vegetal.
El sueño te despierta, anochece,
vives en los lugares donde respiro
y bajo la misma luz donde te leo.
En el espeso follaje sestea otra luz.
El otoño; más allá, detrás del río
que es fiebre y juventud, el mar olfatea
el tiempo de los cazadores de aves
del Caribe
con colores más vivos.
Un viento estremecido de luz y arpegios
deslumbra en las aguas tus ojos
y tu boca
a punto de pronunciar tu nombre.
En la soledad mortal de los que trafican
con pájaros
y con colores,
el cielo enrojece
en los sensitivos paisajes de tu memoria.
En las azules atmósferas de las colinas
del norte.
Una niebla de cobre dibuja
mis manos, después el pecho y el rostro
allí donde tu deseo me hará recordarte.

La criatura invisible en los crepúsculos de William Turner

¿No ves mi rostro enredado entre hilos de crepúsculos
haciendo estremecer los valles y las montañas?
El camino es la rueda del otoño atascada entre las nueces,
fuego de alas a orillas del tiempo.
Ya se acerca el cielo a la primera nota de las cuerdas,
ya el río es una ave dorada entre los juncos.
En el sueño del mundo hay astros que se despiertan,
y yo sobre el mar veo los buques incendiados,
castillos y murallas en ruinas sobre la hierba
donde antes estuvo el hombre
antes de sentir el destello de mis ojos azules.

Turner sabe lo que dijo el relámpago antes que la luz cegara
la tarde.

Mis manos han rendido los colores de tus dos polos,
las almas que en el mar se ahogaron embellecieron
este crepúsculo
y han llevado mi música por las arenas
hasta las bocas de los acantilados.
Acerca tu cuerpo, claro como un fruto bajo la lluvia,
y deja que tus labios se vuelvan de oro, ostenta este sol
que hiere los párpados del otoño,
besa esta eternidad que bebe con sus labios
todas las orillas del mundo.
Haz que sobre el sueño no vuelvan a apagarse las antorchas.
Que el más extraño de los espejos arrancados a las mareas
no se apague,
busca en su fondo un ciervo encendido,
una pupila radiante del color de los pájaros
en las islas de Homero.
Ya casi es de noche en los rostros amargos de las estatuas,
y bajo las pasiones mortales tu nombre arde
y se cierne sobre el mar como el musgo sobre la roca
y salpica el ceniciento corazón de la primera estrella.

Fernando Denis
Colombia



jueves, 20 de marzo de 2014

POETAS INVITADOS XV: POETAS DE LA ANTOLOGÍA LA LUNA EN VERSO



El último tren 

                                                                                 A Gonzalo Rojas

Conversamos
despacio
aquella tarde
en Chillán
todo
lo hablado
lo pusimos
en el aire
había que descuerar
todo
el relámpago
a la intemperie
y ambos
sabíamos
que éramos
dos hombres
esperando
en distintos andenes
el último tren
en la inmensidad
de la noche.

Agustín Benelli
Concepción, Chile



Cada uno tiene su público

En algunos rincones de la noche
busco la brújula escondida,
pero me pierdo en las intersecciones
y recorro las calles al revés,
lo que quisiera oír es lo que digo
y obtengo la respuesta que yo nunca daría.

La ciudad se disfraza de verano,
empiezan a llenarse las terrazas
con el humo de las conversaciones,
hay un rumor de exámenes finales
en todas las ventanas, de trabajos y besos
pendientes de entregar, sobre la mesa.

Por teléfono alguien me recuerda:
Aprende por tu bien el arte de marcharte
siempre un segundo antes de que te hayan echado.

Javier Bozalongo
Tarragona



Insomnio

El insomnio es tu mejor excusa para meterte en mis sueños,
el insomnio es el peor pretexto para mirarte desde lejos
mientras duermes.

El insomnio es,
lejos,
mi enemigo íntimo.

Camila Castaños
Chile



La lámpara

                                                                  De noche al apagarla, en mi silencio
                                                                  puedo oírla rezar.
                                                                                                 Eugenio Montejo

Si apagas la luz de esta lámpara
se cierran las ventanas de la noche
los ojos de las letras-
y un sueño se apodera de las sombras.

Y como esta luz
se van los nombres
y las fechas, y queda un vacío
que el deseo no llena.

Es entonces cuando Eugenio Montejo
puede oírla rezar
como a un cuerpo vencido
que susurra palabras,
una plegaria que no conoce lengua ni credos,
sólo promesas.

Las cosas si se quedan solas
se lamentan
como si fueran seres con memoria.

¿No las oyes? También ellas piden afecto,
el calor de los cuerpos,
ese ruido que hacen las letras.

Ramón Crespo (De Palabras que acepta el fuego)
Madrid


Maldición literaria

Yo te maldigo. Ojalá que las cuencas de tus ojos se llenen de tierra y los huesos de tus caderas se dispersen después de los gusanos. Que bebas el vino agrio y sin tasca popular. Que tus hijos renieguen de ti. Que la carcoma no se apiade de tus libros. Que, mientras duermas, no sueñes. Que te sepa el arroz a salado. Que te llegue la vejez anticipada con miedo a la muerte y regusto de hernias. Que la fingida suavidad de tus palabras se aproxime al insano carraspeo de tus versos. Y que tus libros, que todo el mundo compró porque estaban de moda, aparezcan como una lectura obligatoria en todos los programas de enseñanza secundaria. Amén.

Manuel García (De Poemas para perros)
Huéscar, Granada



Aforismo

Cuántos ojos han mirado a la luna.
De nosotros está la luna llena.

Pablo Guerrero (De Viviendo siglos)
Esparragosa de Lares, Badajoz




Suicidio recurrente de la luz

                                              ¿Preguntamos a nuestra sombra que hace de noche?
                                                                 Edmond Jabés, El libro de las preguntas.

Aún colecciono los ecos
de mis casos por tus calles
y deshojo las palabras,
húmedas, frías, desiertas,
como pétalos del alma
en el amor de la noche.
La paleta de colores
se ha fugado con mi sombra.
La luz, al fin, se deshizo
y pende, oscura, del techo
sobre la silla caída
de anea marrón y rota.

No sé si la echo de menos.
No dejó ninguna nota.

Javier Irigaray 
Huéscar, Granada




Anoche

La última noche fue divertida,
de esas en las que la oscuridad despreocupada
lo mismo te lleva a llorar que a reír.

La última noche fue de  dolor,
de esas en las que lo mismo mueres que matas,
mi indiferencia te resultó insufrible.

La última noche fue horrible,
ese sueño negro, impenetrable,
que se parece demasiado a mi,
te despertó sobresaltada.

Suerte que anoche, a mi,
no me pasó absolutamente nada,
bueno...

Francisco de Paula Martinez Vela
Granada



Mientras tanto

Traspasa la noche los arrabales de la soledad y gime, en un sollozo angustiado, el viento en mi ventana. Mientras tanto, en Roma, el vicario de Cristo blasfema torpemente con palabras que violan la inocencia sagrada de los niños, con palabras que trepanan el himen intonso de una virgen negra. Traspasa la soledad los arrabales de la noche y ulula iracundo- con aullido de lobo atormentado- el aire en los cristales de mi casa. Mientras tanto, en Washington, el emperador del mundo renuncia a la esperanza que un día sembrara en el corazón de quienes nunca tuvieron corazón, con una sonrisa de mentira decolorada. Un vendaval traspasa noche y soledad y limpia sus arrabales de cualquier atisbo de compasión. Asombrado lo contemplo tras el cristal de la ventana. Mientras tanto, ellos, los verdaderos señores a quienes sirven pontífices y soberanos, calculan sus ganancias en sumas inimaginables para las inteligencias profanas, sentados sobre los cadáveres que cimientan sus cuentas corrientes y las especulaciones en fondos de alto riesgo, un riesgo que lacera a quienes nunca invertimos más que en la bolsa de la compra. Viento y soledad dejan a la intemperie los suburbios nocturnos. Mientras tanto, un hombre se lanza al vacío en Valencia. Mientras tanto, una mujer se suicida en Barakaldo. Mientras tanto, un hombre se corta el cuello ante una oficina de Cajasur, en Córdoba. Mientras tanto, alguien espiga en la basura para poder cenar esta noche. Mientras tanto, llanto y desconsuelo. Mientras tanto. De todo esto, el viento que ruge nada sabe. Ni la soledad, ni la noche que deambula extramuros del sueño. Ignoran que, mientras tanto, los verdugos con corbata de Pietro Baldini, se mean en el rostro mudo de los desahuciados, sobre los ojos incrédulos de la clase media, en la boca espesa de los obreros y de los que, cada mes, hacen cola en las oficinas de empleo. Con los orines de la indiferencia. Ellos mean. Mientras tanto, Jacques Brel y yo, en esta hora nocturna de soledad huracanada, lloramos sobre el corazón de todas las mujeres infieles de la tierra.

Ramón Mateos
Salamanca.


La piel de la noche

Como caen los pétalos
después de la lluvia minuciosa
y se despojan los rincones del alma
a la cero en punto de mi vida
desprender la madera de la nuez
el papel de caramelos de la infancia
desnudar de tierra las raíces de la palabra alas
de un solo tirón
así
pero muy seda
bajar el cierre metálico de la piel
antes del óxido
antes de la sal
y clausurar tanta noche

soltar una a una las mariposas blancas.

Estela Porta 
Argentina




Madrugada

Y recorrer al niño
que quiso parecerse
al hombre que no ha sido.

Y cada noche verle
llorar en los rincones,
y cada noche oírle
decir que lo sabía.

Fernando Valverde ( De Razones para huir de una ciudad con frío)
Granada




Ahora

Ahora que vuelvo a ser de aire
saldré por la claraboya
dejando atrás la vieja casa.

Ahora que se acabaron los caminos
y las piedras
ya no son necesarios los zapatos.

Extrañaré a los poetas;
quién me dirá lo que calla la luna,
reconocerá el perfume de la rosa
entre las rosas,
quién abrirá la jaula
y me dirá donde buscar a Dios.


Ahora que la noche se desborda
y me arrastra
tendré que acostumbrarme
al inalterable curso del tiempo,
tendré que habituarme a ir sin sombra.

Sergio Antonio Chiappe Riaño
Bogotá

miércoles, 5 de marzo de 2014

LA INVITADA: SUSANA RIVIERE. POETA


Susana Riviere, Ciudad de Córdoba , Argentina.

Susana es una mujer que ha acumulado a lo largo de su vida experiencias, razones y emociones que convierte en poesía.

Sus poemas y textos figuran en varias organizaciones de poetas y amigos de la poesía en las redes sociales.


http://www.calameo.com/read/003060417023bd9bbf3f3

                                            POEMAS DE SUSANA RIVIERE

Oscuridad

Titila la noche,
mis labios también
como oscuridad
sorprendida por la luz.

Amanece
lejanos sonidos abren
un canto nuevo.

Gorriones

Hoy he visto volar pequeños gorriones,
pájaros de tierras queridas,
vuelan lejos de estampidas, gritos, marchas,
llantos, hambre,
vuelan lejos de las jaulas,
su piar es débil;
pobres gorriones de suelos amados.

En mi ventana están los míos,
los que me preguntan que hacer con sus alas
y su color marrón tan sencillo y rutinario.
Ellos no saben de márgenes pantanosas.

Días de vuelo

Los años son días acumulados.
Parada en mis palabras sin  puntillas,
sostengo mi vida con la fuerza de un Samurai
y la delicadeza de una Geisha.
Aquí queda mi sombra de lágrimas,
el barro para hacer el nuevo cántaro
que contenga mi espíritu.
Aquí espero el águila,
el nuevo vuelo.

Susana Riviere
Argentina